Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

Anorexia: una(s) demanda(s) de amor

En el presente texto se buscará desarrollar una reflexión en torno de la anorexia poniendo especial foco en su característica de demanda de amor. Parece pertinente aclarar que se trata de apuntar en este caso a la anorexia en la neurosis, ya que este nombre no nombra una estructura separada, sino que la misma puede aparecer como síntoma específico tanto en neurosis, psicosis o perversión, con diferentes manifestaciones, o manifestaciones muy similares pero que velan una estructura bien diferente.

Para el abordaje del objetivo que se plantea se partirá principalmente de la lectura de dos ensayos: “La última cena: Anorexia y bulimia” y “Clínica del vacío” ambos escritos por Massimo Recalcati. 

Lienzo de Héctor Torres

ANOREXIA.

La anorexia y la época.

La anorexia se presenta como uno de los “nuevos síntomas” de la época. Se ha dado una gran epidemia de anorexia en el mundo capitalista, del consumo, de las pantallas, las redes sociales y la imagen. La imagen: vivimos en una época caracterizada por la imagen, en todo su sentido; cuanta más imagen y menos palabra, más atractivo. Cuanto menos pasaje por la palabra y más imagen, doy de lleno con la falla narcisista en el cuerpo del sujeto, para que compre más, más y más. La imagen de la mujer perfecta, sin imperfecciones y delgada claro, bien delgada. Una imagen inalcanzable, siempre lejana, transformada por planos fotográficos, Photoshop y horas de edición. ¿Qué pasa entonces con esa histérica que se está preguntando qué es ser mujer? ¿Con esa histérica que se identifica e identifica? ¿Cómo afecta encontrar la respuesta de qué es ser mujer en un ideal inalcanzable?

La anorexia es un síntoma actual, nuevo, de la época. Y la época se define como un modo de gozar, de vivir la pulsión según el contexto del discurso. Un encuentro entre lo real de una satisfacción pulsional y una mascarada de ese modo de gozar.

 

Clínica del vacío, clínica de la falta.

Frente a estos nuevos síntomas, anorexia y bulimia pero también toxicomanías, Massimo Recalcati (2003) desarrolla el concepto de clínica del vacío y la contrapone a la clínica de la falta. En esta nueva clínica que trata con estos síntomas contemporáneos, no se puede seguir la lógica neurótica del síntoma, no se pueden reducir ni descifrar a partir de la neurosis y la psicosis. No por esto debemos fantasear con la idea de una nueva estructura. Como dije con anterioridad, la anorexia no es una estructura en sí misma sino que es una manifestación sintomática que se puede dar en la neurosis, la psicosis y la perversión.  Pero en este caso, son síntomas que no siguen la lógica neurótica (es en esta estructura en la que pondremos foco), no se caracterizan por ser metafóricos y enigmáticos, sino que se presentan como síntomas crudos, que tocan directamente al cuerpo, síntomas que no son mediados por la palabra y que afectan la constitución narcisista del sujeto, aparecen como un defecto fundamental de sí mismo.

En la clínica de la falta se trata de un vacío nombrado, un vacío cargado de significación y simbolismo, y si hay símbolo, palabra, hay conexión con un Otro. En la clínica del vacío, hay vacío, sin falta, sin sujeto barrado y por esto estos síntomas están vinculados al goce uno, un goce auto erótico, donde no hay intercambio con el Otro sexo, un goce asexuado. Queda desconectado del inconsciente, del fantasma y del Otro sexo. La anorexia es un síntoma que saltea el inconsciente, no responde al análisis como lo hacen otros síntomas conversivos.

La anorexia se le presenta al sujeto de lleno, toca con su cuerpo, se impone con fuerza. Es vivida por el sujeto como una entidad propia, la nombran como un ente aparte; es aquello que le causa el malestar, pero que no le pertenece. Para Lacan el síntoma anoréxico, es un signo, pero un signo que no se puede traducir al significante, sino que se ubica entre el acto y el acting out. El acting out como una llamada al Otro y el acto como aquello que le permite al sujeto separarse de forma radical del Otro, es el no quiero saber del Otro, el rechazo del inconsciente.

 

El Otro y el deseo en la anorexia histérica.

 En la anorexia hay un lenguaje que no está mediado por la palabra, hay algo de la palabra que es rechazado y aparece en otro plano. Este plano consiste en que el sujeto sea objeto, es la realización de un objeto (el cuerpo delgado, el objeto de moda). Ahí queda clivado el ser de la anorexia. El deseo busca su satisfacción con objetos, el sujeto queda atrapado por dietas, su vida ronda en torno al peso y el cuerpo. Ser anoréxica es ubicarse en una forma de ser, en un modo de goce; “es un nombre propio hecho de goce”.

Tomando la anorexia como síntoma, el sujeto se realiza la pregunta histérica de qué es ser mujer. En la búsqueda de una respuesta, la anoréxica se identifica a modelos y figuras delgadas, pone en el lugar de amo a la moda que impone unos estándares de belleza de delgadez extrema. A través de la anorexia la histérica logra mantener el deseo insatisfecho, queda como algo inalcanzable. La anoréxica se crea la fantasía de haber encontrado, lo verdadero, La mujer, hasta que se acerca al objeto y la ilusión cae.

En definitiva, la elección que realiza la anoréxica es la elección de la nada, comer nada. Su discurso, sus rumiaciones, sus conductas se configuran en torno a un fanatismo de la nada. Hay un culto a la nada, en la anorexia no se presenta un enigma a descifrar, la anoréxica se presenta como anoréxica, hay un exceso de evidencia.

Ahora bien, que la anoréxica haga una elección del vacío como satisfacción pulsional no quiere decir que renuncie al deseo. Recalcati (2003) nos dice que la clínica de los nuevos síntomas es una clínica del vacío, por lo tanto el síntoma no se caracteriza por ser una satisfacción escondida del deseo, sino una experiencia de vacío disociado de la falta, una percepción constante de inexistencia que angustia. Pero al mismo tiempo, la anorexia es una forma de preservar el deseo, de cuidarlo.

El deseo histérico consiste en ser deseo del deseo del Otro: la histérica busca un deseo común, se identifica con un deseo común, acoge a un síntoma que le permita una comunidad en relación al deseo, se mantiene barrada para sustentar al Otro, para que el Otro pueda existir, y que pueda existir completo.

En la histeria, se da una fijación en la etapa de clivaje entre la demanda y el deseo. La histérica rechaza la irreductibilidad de su deseo a la demanda o la necesidad, deja de comer para mostrar que hay un más allá de la demanda, no alcanza con la nutrición, tiene que mostrar la falta de la falta.

El sujeto entonces trata de sostener su deseo como algo por fuera de la demanda, algo más que la necesidad alimenticia, la anorexia queda definida como el deseo de nada, frente a la demanda “come”, el sujeto hace lo contrario, a esa demanda responde comiendo nada.

Este deseo de nada, surge a partir de una saturación de objetos que le ofrece el Otro, un Otro que intenta tapar la falta del sujeto. El sujeto entonces, defiende su deseo, lo preserva, con la nada, desea nada, ya que el Otro no puede satisfacer su demanda, lo deja en jaque. A la demanda de ser nutrido, le desborda un deseo y para que este no se extinga el sujeto no se deja nutrir. Si se satisface la demanda, se mata al deseo. “La anoréxica no come, para no ser comida”.

La anoréxica encuentra en la anorexia una única forma de llegar a surgir como sujeto deseante, por fuera del deseo de la madre. En su estar llena, si bien es un llamado al otro, también lo excluye, lo deja por fuera. “Estoy llena, no hay nada que me puedas dar”: así preserva su deseo. A su vez, crea angustia en el Otro, en general una madre totalizante, que es así puesta en falta.

 

La nada como objeto de amor.

La nada anoréxica se presenta como un objeto separador “comer nada, es un modo de cerrarle el paso al Otro, desengancharle de la dependencia alienante del Otro”. A través del comer nada la anoréxica provoca un agujero en el Otro, una gran carga de angustia. La nada, es el objeto que el sujeto utiliza para escapar de la demanda asfixiante del Otro. Es un escudo y una defensa del deseo. Con el rechazo, con el no, la anoréxica busca diferenciar la dimensión del deseo del de la demanda. Busca desligarse de la alienación significante. El rechazo en la anorexia es un acto que el sujeto realiza para que la nada venga a cumplir el rol de objeto separador.

Pero este rechazo, como mencionaba anteriormente no solo separa, sino que también le permite al sujeto hacer una llamada al Otro, hay una comunidad en ese rechazo y en ese deseo que surge. Nada satisfacerá a la histérica, solo el propio deseo de estar insatisfecha. En la anorexia, cualquier objeto será siempre inadecuado.

La demanda que hace la anoréxica, es una demanda insatisfecha, es una demanda que el Otro nunca podrá responder porque sería responder al deseo. Es una demanda de amor, o sea una demanda de que el Otro dé lo que no tiene, ya que a él también le falta. El amor. La nada como objeto del don amoroso, una exigencia del signo de amor, para que haya signo de amor debe cerrarle paso al objeto.

En la bulimia se puede ver con claridad cómo la demanda insiste sin palabras, en esa forma desesperada de atracón, en ese ataque furioso que nunca satisfacerá se ve el punto de intersección con la demanda de amor. La demanda de amor no tiene fondo, eso encarna la bulímica. Nunca encontrará la satisfacción de la demanda de amor en el consumo del objeto. En el caso de la anoréxica: ningún objeto vale su amor, ningún objeto puede retener eso que no está en el orden del tener, ninguno puede llenar el vacío del ser. “La anorexia comiendo nada rechaza el mundo del tener y reclama su derecho a ser”.

 

Bibliografía.

Recalcati, M. (1997) La última cena: anorexia y bulimia. Buenos aires: Ediciones del cifrado.

Recalcati, M. (2003) Clínica del vacío: anorexias, dependencias y psicosis. Madrid: Editorial síntesis.

 

 

 

 

     

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