Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

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  • “El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte.”  Georges Bataille

  • “Al contemplar a la mujer amada también estamos fuera de nosotros mismos.”  Walter Benjamin

  • “Una vida es todo. Un cuerpo. Termina. Pero termínalo.”  James Joyce

  • “Las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir.”  Jacques Lacan


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La sexualidad marca la tendencia de cada uno en la relación con su cuerpo y permite presentarse al mundo en función de ésta. Actualmente el trato que se le da al propio cuerpo ha cambiado, así como la manera de mostrarlo y ponerlo en circulación con los demás. Cómo pensar "Corps" más allá del cuerpo, qué cambios introduce, qué efectos produce o qué tipo de invenciones nos propone, son algunas de las preguntas que dan marco a esta sección.

Publicacions destacades

Un comentario sobre lo siniestro y el cuerpo

A propósito de La Cosa: “The Thing”.

Este texto surge de las reflexiones que aparecen alrededor del ciclo de debate sobre cine de ciencia ficción que organizamos desde tActe.

El cine de ciencia ficción a menudo nos produce cierta inquietud y extrañeza, y a la vez un afecto morboso de seguir mirando algo que no tiene mucho sentido y que además nos horroriza de alguna manera.

Se me ocurren un par de ideas para abordar esto: lo siniestro y el cuerpo.

¿Por qué elijo éstas dos? Si habéis visto la película “The Thing” de John Carpenter, sabréis que hay algo extraño y angustioso en la irrupción de un acontecimiento que marca el inicio de un desastre.

Hice el ejercicio de dar nombre a lo que produce en mi ese acontecimiento y se me ocurrió que podía decirlo en catalán, angúnia.

 

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Cadáver

 

Leo tu letra,

como se confunde con la mía

.

Veo tu rostro

como se funde con el mío

.

Miro tu cadáver,

y agonizo al no ver el mío.

 

Fotografía: ‘Desnudos bajando escaleras’, de Aitor Rentería.

Aitor Rentería

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“Yo tengo un cuerpo”

Incidencias performativas del lenguaje.

Hace un mes fui a una exposición de “Mujeres Surrealistas”. Mirando las obras, advertí una que no tenía título o algún tipo de referencia, entonces pedí una orientación al encargado. Me respondió (casi ofendido) que el punto del arte surrealista es eso, dejarse llevar por la imagen y asociarla libremente con lo que a una se le ocurriera. Si bien es cierto, personalmente me gustan los epígrafes en las obras porque, de alguna manera, apelan a lo que el artista quiere transmitir. De todas formas, para ser más gráfico, el señor me muestra un dibujo inédito de Frida Kahlo que versaba: “Autorretrato como Genitales”. Tapando esta referencia con la mano, me pregunta qué veo si me dejo llevar por la imagen y no por el nombre que ya determina la dirección de la mirada y por tanto, su significación correspondiente. Con este episodio pretendo ilustrar el efecto performativo de las palabras, del nombrar, para que algo devenga como tal.

Frida Kahlo, Autorretrato como genitales (1944). Carboncillo y tizas de colores 

(Cortesía Galería Mayoral).

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La moda de vestir, el cuerpo

Por un lado, la moda. Por otro lado, el cuerpo. La moda como fenómeno social y cultural, y en tanto reflejo de la sociedad de cada época –es decir, expresión de un contexto histórico, socio-económico, político y cultural-, nos puede guiar para hacer una lectura de los síntomas actuales y su relación con el cuerpo. En algunos síntomas contemporáneos, el cuerpo viene a representar al sujeto, ya que el sujeto en muchas ocasiones se presenta como un cuerpo. “Querer reducir el sujeto a su cuerpo participa de la tentativa de identificar al ser hablante con su organismo” (Laurent, 2016, p. 14), pero el sujeto no es el cuerpo, sino que tiene un cuerpo, con el que mantiene una relación, por cierto, nada simple. 

Si los síntomas son dependientes del medio discursivo en el cual se producen, teniendo en cuenta que tanto la moda como el cuerpo están atravesados actualmente por el discurso de la ciencia y el mercado, ¿cuáles son los nuevos síntomas actuales en relación a la moda de vestir el cuerpo?   

Fotomontaje: Marina Pautasso, a partir de una imagen de la exposición ‘Fast fashion’, del Museum für Kunst und Gewerbe de Hamburgo.

La moda de vestir, el cuerpo III

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Las adolescencias y la inhibición

“Quería tan sólo intentar vivir
aquello que brotaba espontáneamente de mí
¿Por qué había de serme tan difícil?”
Demian: Historia de la juventud de Emil Sinclair. H.Hesse.

Adolescencias, en plural por aquello del uno a uno, de la singularidad de cada  sujeto, en este caso que nos ocupa, adolescentes. Hay tantas adolescencias como adolescentes . Si algo en común puede ser dicho es que se trata de un momento de paso, el adolescente ha perdido un lugar y tiene que encontrar otro.
Atrás quedó la infancia, donde los padres dicen que tienes que hacer, que tienes que querer… el niño acaba queriendo aquello que lo padres desean porque quiere que lo quieran. En la adolescencia todo esto cae y se ha de inventar una nueva forma de sostener al Otro. Para esto es necesario un tiempo para comprender, hacer el duelo de la seguridad de la infancia, de la separación del mundo de los padres. En una época en la cual se potencia la inmediatez, la prisa, en la que este tiempo para comprender parece haber desaparecido y se nos empuja a concluir y pasar a otra cosa, ¿qué pasa con las adolescencias? ¿Cómo hacer el duelo de esa satisfacción infantil que se pierde? ¿Cómo pasar al mundo adulto?

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Si por algo se caracteriza la adolescencia es por una pregunta ¿qué hacer con el cuerpo? Una pregunta nada simple que nos remite a conceptos como el amor, el lazo con el Otro, el sexo…Cuestiones que empujan al adolescente desde el Yo ideal, espejo donde los padres lo miraban, al ideal del Yo, donde quiere que lo miren. Ello, en una época en la cual la sexualidad es muy diferente a la época de Freud, las diferencias sexuales o los estereotipos parecen diluirse, no hay limitaciones y los ritos de paso han desaparecido.

En algunos adolescentes encontramos una dificultad para constituir un ideal del Yo. Aparece la incertidumbre y, donde podíamos pensar que habría una pregunta, algunos adolescentes experimentan un malestar en forma de angustia y desorientación que los desborda. Hay una falta de saber y una falta de pregunta. Nos encontramos con adolescentes que tienen dificultad para encontrar la pregunta y sitúan fuera algo de lo que habrían de hacerse cargo.

En sujetos que han sufrido, parece presentarse esta dificultad con más fuerza. ¿Cómo sostener a un Otro si nunca antes se han anclado? Con estos adolescentes a los que les falta la confianza para vincularse a un Otro podemos entrever algunas “falsas salidas” que son bien acogidas por la época de consumo en la que vivimos pero que plantean problemas a las familias y, al final, también a ellos mismos. Enganchados a los gadgets o a diferentes objetos de consumo (drogas, videojuegos…) que producen un placer instantáneo y poco duradero, que los empuja a renovar de manera constante. Se tornan buenos consumidores. Toman las redes sociales como sustitutos de un Otro que no puede interpelarlos, dejando de lado el cuerpo y su pregunta. Lo que les permite construir un yo a medida que tiene más relación con la fantasía de cada uno sobre sí y, en ocasiones, les lleva a caer en una inhibición que hace desaparecer la pregunta y la búsqueda de un saber acerca de lo que les pasa.

El Otro como autoridad o límite es sustituido así por un Superyó que empuja a gozar sin límite, aumenta el papel represivo que aumenta a su vez la culpa y el autocastigo. “El Ello inicia la pulsión, el Superyó la deniega” nos decía Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”. Entre ambos, el Yo que reprime tratando de mantener la homeostasis y hacer algo con la angustia, un afecto experimentado ante un peligro que, en última instancia, adquiere sentido de temor por la separación y la pérdida de objeto. ¿Y no es esto lo que ocurre en la adolescencia?

Una posible falsa salida: la inhibición.

“Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter
en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas.
Sé que es imposible, pero es una pena.”
El guardián entre el centeno. J.D.Salinger.

La inhibición, siguiendo con Freud, tiene lugar en el Yo, en la energía del Yo, ya sea por un exceso del Ello o por una denegación del Superyó. El Yo inhibe y, así, evita el conflicto. La inhibición vendría a detener la posibilidad de interrogarse, es un no que el sujeto actúa. Una defensa de la angustia (sexual, motriz, intelectual, alimenticia…) ante la erotización de la función o del pensamiento que excluye el acto, como ejemplo se podría pensar en el amor platónico donde nos topamos con un acercamiento que imposibilita poner en juego el cuerpo. Un amor imposible que detiene el acto a la vez que intenta esquivar la pregunta acerca del deseo.

Cuando el adolescente se topa con la angustia, ante esa división subjetiva que podría aparecer con la pregunta ¿qué soy yo para el Otro? esa división desaparece tapada por la inhibición. El adolescente no reconoce esa división, no puede simbolizarla, y hace así desaparecer la angustia, la amenaza al narcisismo que constituirá una falsa completud.

La inhibición es pues defensa del yo, el adolescente se escuda en una imagen narcisista, como imagina que el Otro lo ve, deteniendo el campo de lo simbólico que tendría que ver con los lugares que uno puede ocupar, y defendiendo el campo de lo imaginario. Para esto las identidades virtuales, tanto en videojuegos como en redes sociales, están hechas a medida. No hay falta en la imagen, cuando sí la habría en lo simbólico, en lo que le da al sujeto realmente su lugar. Mantener la distancia, abrirse al campo del Otro, del deseo del Otro, podría abrir la división que hace aparecer la angustia. El sujeto se angustia y, como posible salida, se articula una armadura yoica mediante la cual se cierra al deseo del Otro, evitando así exponerse. Esta defensa del sujeto ante el deseo del Otro permite mantener alejada la angustia y sostenerse en esa identidad imaginaria.

La inhibición vendría a ser, continuando con Freud, un proceso del Yo, una limitación o rebajamiento de una función del Yo (ya sea sexual, de alimentación, de locomoción…) , la defensa absoluta que puede explicar la depresión y la melancolía. La melancolía se caracteriza por un cese de interés por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de amar y una inhibición de todas las funciones (Freud, 1917) . Así como en la depresión se da una disminución de la líbido que queda inhibida impidiendo una elaboración de la angustia. Al no hacer, al armar el Yo como una defensa, el sujeto evita meterse con eso donde podría confrontar problemas y de esta manera evita la angustia.

Nos encontramos ante una tensión entre el narcisismo, un encierro narcisista, y el ser arrojado fuera de sí lo que podría traducirse como un pasaje al acto, otra posible falsa salida. El sujeto inhibido queda excluido de la interrogación acerca de lo que le pasa. Y, ¿cómo perturbar esa defensa?

Una posible respuesta podría ir en la dirección de pasar del no hacer al no puedo. El sujeto se expone no haciendo lo que, en realidad, no puede, ¿cómo pasar de la inhibición, del no hacer, a interrogar lo que no puedo hacer?

Teniendo en cuenta que aquí podría aparecer esa división subjetiva que angustia, es importante acompañar al sujeto a sostener esa angustia, respetando a la vez que perturbando el armazón defensivo que ha creado, sin dejarlo caer. “No hay nada peor para un adolescente que ser dejado caer ” nos dice el psicoanalista E. Díaz.

El analista devuelve al adolescente sus propias palabras, el sujeto se da cuenta y eventualmente algo del inconsciente resiste o se sorprende. El relato construido por el Yo sobre el síntoma se desmorona con contradicciones o antítesis que el analista devuelve.

Para poder abordar las adolescencias, hay que tener en cuenta a cada uno de los adolescentes y su singularidad propia y no olvidar la época en la que esos adolescentes tratan de situarse. Un reto que, si se plantea como interrogante y se permite un tiempo para elaborar, acompañando al sujeto en la posibilidad de simbolizar, podría dar un nuevo lugar al adolescente. “Cuando un gesto, una conducta de un chico nos parece sin sentido, es necesario mantener la dimensión del enigma ”, recuerda Susana Brignoni citando a Winnicott, “lo que está en juego en esta etapa es la posibilidad de que haya un encuentro entre el adolescente y un referente adulto”.

Referencias:

1. S. Brignoni. “Pensar las adolescencias”. Editorial UOC, Barcelona, 2012.
2. S. Freud.“Inhibición, Síntoma y Angustia”. Amorrortu, Bs. Aires, 1986.
3. S. Freud, “Duelo y melancolía”. Obras Completas, Tomo XIV, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1917.
4. E. Díaz. “Adolescencias, amor y sexualidad”. Conferencia pronunciada en el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. Barcelona, 2010.
5.S. Brignoni. “Pensar las adolescencias”. Editorial UOC, Barcelona, 2012.

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