Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

Locura y segregación

A partir de la lectura de ‘Alocución sobre la psicosis del niño’  de Jacques Lacan.

El problema es que en la medida en que la presión del discurso científico se ejerce en el sentido de lo uniforme, hay cierto disforme que tiende a manifestarse sobre todo de un modo grotesco y horrible, y que está ligado a lo que se llama progreso. J.A Miller (Extimidad)

Para este escrito he tomado algunos fragmentos de la primera parte de la alocución de Lacan. Después de una primera lectura me planteé algunas preguntas por el espacio de la locura. Había leído hace algunos años la Historia de la Locura de Foucault, quedando desde ahí latentes algunas cuestiones respecto a la locura, el encierro, la vigilancia, la lógica de la burguesía europea, el surgimiento de la medicina y la moral. Toda una cosmovisión sobre la locura a lo largo de la historia en occidente hasta el siglo XX.

Fotografía de Sarolta Bán

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¿Cómo pensar el espacio de la locura? Se podría plantear que es un espacio donde opera una frontera que ha existido durante siglos, que hace posible las relaciones de poder ejercidas desde el saber médico-sanitario hacia el espacio de los locos. Me refiero al espacio físico en el que habitan, pero también a su espacio íntimo, su campo de lenguaje y el cuerpo.

La Salud Mental como entidad institucional es un conglomerado de varias prácticas que inciden en el tratamiento de los locos. Siendo la psiquiatría una de ellas, según José María Álvarez, hoy constituye un saber que se ha puesto al servicio de la industria farmacológica, y al tornarse científica, ha provocado la exclusión de su propio objeto. Álvarez señala también que el origen del psicoanálisis se da justamente debido a “las incapacidades de la ciencia de dar cuenta de los hechos que describe y de tratar adecuadamente el malestar del alma. El psicoanálisis surge en las grietas del edificio del saber psiquiátrico, en sus insuficiencias teóricas, en lo que se desdibuja de sus observaciones y en lo que la mirada médica no puede enfocar.” [1]

El psicoanálisis es un discurso y una práctica que aborda la locura desde otro lugar: el de suponer que el loco tiene algo que decir. Desde ahí se adopta una posición ética de acompañamiento muy particular que implica funcionar como secretarios del alienado sin comprender, lo cual requiere por cierto de mucha práctica, formación teórica y análisis personal. Quizá es por esta posición ética particular del psicoanálisis que éste ha sido segregado desde el saber médico-sanitario y ciertos ámbitos academicistas, bajo la categorización de que es no-científico. Paradójicamente este no-cientificismo, en el sentido del discurso del amo, es el reverso lógico del discurso psicoanalítico tal como enseñó Lacan. Es ahí donde nos situamos los practicantes, a veces con ciertas dificultades.

 

La libre circulación del loco

En el transcurso del cártel me pregunté por la relación entre el espacio del lenguaje y el espacio físico donde circulan los locos. Esto me llevó a la lectura de una conferencia pronunciada en 1998 por Jean Oury, a quien Lacan alude en la alocución a propósito de la segregación. La conferencia se titula Libre circulación y espacios del decir. [2] Oury explica que la libre circulación del loco implica la posibilidad de construir multi-investiduras a través de puntos de referencialidad múltiples. Una propuesta lanzada junto con su colega Francesc Tosquelles, en el contexto de la Psicoterapia Institucional (años 60-70). En estos puntos de referencialidad se pone en juego para el loco su existencia y su dignidad, la posibilidad de que mínimamente se considere su deseo. Oury sostiene que “tener la libertad de caminar es a veces tener la libertad de quedarse en el lugar. Porque la circulación no se hace simplemente con los pies, puede estar también dentro de la cabeza: una circulación, la libertad de estar tranquilo.” [3]

Bajo esta bandera se crearon en La Borde (Institución donde ejerció como director) ciertos espacios donde los pacientes podían expresarse, hacerse cargo de algunas responsabilidades, participar en reuniones de tipo asamblearias para tomar decisiones, asistir a talleres de arte, etc.

Las formas de construir el espacio a partir del lenguaje y de lalengua que habita a cada sujeto son lo que se precisa poder leer para poder actuar con los psicóticos en las instituciones. Es lo que Lacan señala acerca del niño psicótico, cuestionando a su auditorio la tendencia a situarlo en lo pre-verbal. Dice que, por un lado, “hay una relación ya establecida con el aquí y el allá que son estructuras del lenguaje”, y por otro lado, que “si un niño que se tapa los oídos ante algo que se está hablando ¿no está acaso ya en lo posverbal, puesto que se protege del verbo? (…) En la construcción del espacio está lo lingüístico.” [4]

La libre circulación del loco en el espacio físico y campo de lenguaje puede entenderse también a partir del trabajo de Freud, quien mostró que los síntomas están hechos de acuerdo a las leyes del lenguaje y por tanto pueden ser descifrados. Le dio un lugar al inconsciente articulado al lenguaje como un espacio privilegiado para el abordaje de las enfermedades del alma. Por su parte Lacan logró demostrar lógicamente la estructura de las alucinaciones a partir de uno de los núcleos fundamentales de su teoría: el lenguaje es constitutivo del sujeto y el psicótico es quien da cuenta mejor que nadie de que es hablado por el Otro en lo real.

Recordé entonces a un sujeto adulto diagnosticado con psicosis, internado en una institución neuropedagógica donde trabajé hace algún tiempo. Hacía su propio circuito todos los días por los corredores de la residencia. Circulaba por puntos fijos en el espacio: un punto para balancear su cuerpo a penas se despertaba. Otro para comer. Por la noche hacía un circuito desplazándose de un extremo a otro del corredor más cercano a su habitación, sin mirar a nadie, mientras decía reiteradamente: “todo está arreglado”, “todo está borrado”. Me pregunté si lo que decía está en el orden de la holofrase. Al considerar los espacios de la locura creo que es importante tomar en cuenta la noción de distancia que es preciso tomar frente al psicótico especialmente en la transferencia. Distancia necesaria para poder justamente acompañar a estos sujetos evitando “hacer de doctores Flechsig.”  

 

Entender la segregación para despertar del señuelo de la libertad

En la alocución Lacan interroga la ideología de la libertad promovida por ciertas prácticas de la psiquiatría inglesa de la época, en las cuales los psicóticos eran “invitados a pronunciarse a propósito de lo que ellos piensan como manifestaciones de su libertad.” [5] Y añade que bajo esta bandera no es extraño que se haya hablado en aquellas jornadas del niño, de la psicosis y de la institución:

(…) ¿acaso esta libertad suscitada, sugerida por cierta práctica que se dirige a estos sujetos, no conlleva en sí misma su límite y su señuelo? (…) Que si finalmente se plantea la cuestión de la   institución que esté propiamente en relación con este campo de la psicosis, se comprueba que siempre en algún punto de situación variable prevalece en ella una relación fundada con la libertad. (…) El factor del que se trata aquí es el problema más candente de nuestra época, que en tanto primera, tiene que experimentar que el progreso de la ciencia vuelva a cuestionar todas las estructuras sociales. Aquello con lo que, no solamente en nuestro dominio de psiquiatras, sino tan lejos como se extienda nuestro universo, tendremos que vérnoslas, y de modo cada vez más apremiante: la segregación. [6]

Esta cita de Lacan me llevó a conectarla con otro señuelo de la libertad, que proviene del discurso del rendimiento de la época actual. En un texto minuciosamente trabajado por el filósofo Byung-Chul Han, denominado Topología de la Violencia, encontramos que el espacio que habitamos ha sufrido una serie de deformaciones y transformaciones, tanto discursivas como materiales, debido al progreso de la ciencia y su enlace con el capitalismo. Han muestra en su estudio como el capitalismo neoliberal, la ciencia y la cultura de la transparencia, han operado un desplazamiento desde la época disciplinaria hacia la época del rendimiento. La primera caracterizada por un orden social basado en la negatividad, sostenido en el discurso de las prohibiciones. La segunda caracterizada por un orden social basado en la positividad, donde el sujeto queda librado a su propio proyecto sin la barrera de la prohibición. Han afirma:

El sujeto del rendimiento de la modernidad tardía no está sometido a nadie (…) Se positiviza, se libra a un proyecto. La transformación de sujeto a proyecto no hace que la violencia desaparezca. En lugar de una coacción externa aparece una coacción interna, que se ofrece como libertad. Este desarrollo está estrechamente relacionado con el modo de producción capitalista. Porque a partir de cierto nivel de producción, la autoexplotación es mucho más eficiente, mucho más potente que la explotación del otro, porque va aparejada con el sentimiento de libertad. [7]

En tiempos pasados como en el siglo XIX en plena revolución industrial, o en el siglo XX con el surgimiento del neoliberalismo, la segregación fue el efecto de un discurso que justificaba que ciertas masas humanas no eran productivas, incluidos los locos, a quienes se encerraba y se vigilaba. Hoy los proyectos libres que responden al discurso científico y capitalista producen la autoexplotación, dando lugar a la depresión generalizada como síntoma de la época. Han es más radical cuando señala que el sujeto del rendimiento se violenta a sí mismo.

Como respuesta a la autoexplotación eficiente emerge el coaching. Un discurso que entrena a los trabajadores para conseguir el bienestar e incrementar sus ganancias. Banderita de una supuesta libertad con éxito, que si bien no es exhibida en los balcones de las casas, es exhibida en el espacio de las redes de comunicación y en los departamentos de recursos humanos de las empresas. Quizá frente al imperativo del discurso del rendimiento resultaría pertinente la contestación de Bartleby, el escribiente de la novela de Melville: “preferiría no hacerlo”. 

 

Notas.

* Agradezco a Héctor García de Frutos por su acogida de la iniciativa de leer a la letra un texto de Lacan, que derivó en la Alocución…

[1] Entrevista a José María Álvarez. (2011). Temas de Psicoanálisis. Recuperado de http://www.temasdepsicoanalisis.org

[2] Véase también Oury, J. Club y narcisismo originario. Publicado en http://www.ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2018/03/textospara1703.pdf.

Allí Oury explica la creación de “El club” dentro de La Borde y su lógica.

[3] Oury, J. (1998). Libre circulación y espacios del decir. Conferencia pronunciada en Tours. Recuperado de http://www.topia.com.ar

[4] Lacan, J. (2014). Alocución sobre la psicosis del niño. Otros Escritos. Ed. Paidós. Buenos Aires. p. 387.

[5] Íbid., p. 382.

[6] Íbid., p. 383.

[7] Han, B-Ch. (2017). Topología de la Violencia. Ed. Herder. Barcelona. p. 21.

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