Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

¿Qué es aquello que se somete en las mujeres?

Texto de la conferencia de la autora, impartida junto a Oriana Novau el pasado 18 de junio del 2016, en el marco del posgrado ‘Actuación clínica en psicoanálisis y psicopatología’ de la Universidad de Barcelona.

 

Esta mañana vengo a presentarles brevemente la institución para la que trabajo y a conversar con ustedes acerca de la llamada violencia machista. Éric Laurent en sus últimas conferencias en Barcelona, ahora hace apenas un mes [1], definía a La mujer como un síntoma de la civilización. Lo que para Freud era el enigma de qué quiere una mujer, Lacan lo situará sobre todo a partir de los años 70, con sus fórmulas de la sexuación, como un enigma a descifrar del lado del goce.

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Del lado de las mujeres, no se puede formar un conjunto que permita decir La mujer, porque no existe un conjunto cerrado de las mujeres. No existe desde un punto de vista lógico un atributo que cierre el conjunto de las mujeres, dando por consecuencia aquello que es La mujer. De ello se deduce que no se puede saber cómo gozan, de qué gozan, qué quieren… no se puede hacer de sus destinos libidinales una teoría general. A las mujeres para saber de qué gozan se les ha de tomar una por una, del lado del síntoma, de lado de lo que no va, aquello que se presenta como un imposible.

En esta línea, Rithée Cevasco en un seminario impartido en el 2005 en FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales) en Buenos Aires, ya planteaba la “cuestión femenina” como un síntoma [2]. Ella habla de la cuestión femenina en la medida en que su discurso oscila entre la mujer, la posición femenina y la sexualidad femenina. Y usa ese significante para referirse al espacio delimitado en el que se va hablar de ese goce y esa posición femenina. Su hipótesis entonces es que lo que ella llamará la “cuestión femenina”: es un síntoma, en el sentido de cómo Lacan usa el término síntoma en sus últimos años de enseñanza. Fundamentalmente, en el sentido de lo que “no va” en un sistema de práctica, teoría, saberes, política… en resumen, como aquello que constituye la falla central de todo discurso (entendido el término discurso en el sentido amplio de vinculo y prácticas sociales). De esta manera dirá que la “cuestión femenina” es un síntoma de la cultura, un síntoma del psicoanálisis e incluso un síntoma de los movimientos feministas. Podríamos decir que la  “cuestión femenina” se resiste a ser atrapada.

Por otro lado, Margarita Álvarez en su artículo ‘Apuntes sobre supervisión institucional’ [3] nos describe las instituciones como defensas colectivas ante el real en juego. La modalidad de goce particular de cada sujeto es aquello que se oculta en su funcionamiento y da cuenta de sus elecciones, ya que incluso sus valores, reglas, principios, no se inscriben en el sujeto si no pueden capturar algo de su goce. A nivel social se puede pensar que existen maneras colectivas en que se presenta este real en juego, incluso podemos pensar como el malestar (goce individual traducido al registro simbólico) adquiere formas típicas de expresión, lo que podemos llamar síntomas sociales. Las organizaciones o instituciones se constituyen entonces para frenar un poco este real en algunas de sus versiones colectivas ofreciendo una modalidad de regulación.

Habiendo situado estos dos aspectos me gustaría presentar El Safareig, como una institución cuya razón de ser es frenar en algún grado a este real en juego en su versión colectiva que se expresa en el fenómeno de la violencia machista, ofreciendo un tratamiento a nivel individual, pero también un tratamiento social a un síntoma de la civilización. Me parece posible presentar este proyecto como una institución interesada en la hiancia entre la dimensión individual y social del la “cuestión femenina” como síntoma. Se trataría de pensar un espacio de intersección entre las lógicas de lo colectivo, de lo social y las lógicas del caso por caso, y cómo se pueden afectar estas dos lógicas, buscar los puntos de conexión, los anudamientos entre una y otra.

El Safareig se inscribe como asociación en el año 1987 en Barcelona en el seno del movimiento feminista de ese tiempo y con intención de dar respuestas a algunas de las cuestiones que se ponían de manifiesto en aquel momento de manera muy contundente: la desigualdad de las oportunidades para acceder al mercado laboral de las mujeres y los malos tratos domésticos, significante usado en aquella época. Su larga trayectoria en tratar de atrapar algo del real en juego ha dado lugar a varias Áreas de actuación. En estos momentos éstas son:

1. El Área de atención a mujeres y niños, dedicada a la gestión de diferentes servicios públicos: SIAD (Servei d’atenció a les dones municipals) y SIES (Servei d’intervenció especialitzada del Departamento de Treball, Afers socials i Famílies de la Generalitat de Catalunya).

2. El Área de prevención, dedicada a crear espacios de diálogo y de interrogación sobre la violencia machista con diferentes colectivos: jóvenes, niños, profesionales de la educación, etc.

3. El Área de formación a profesionales, dedicada a diseñar propuestas formativas para los diferentes agentes locales o comarcales que participan de los diversos protocolos de actuación en materia de violencia machista.

4. El Área de orientación e inserción laboral, dedicada a llevar a cabo proyectos para la mejora de la ocupabilidad de las mujeres.

La sede  está situada en Cerdanyola del Vallès y los diferentes servicios y proyectos que lleva a cabo se despliegan por todo el territorio catalán. Está a mi cargo en estos momentos la responsabilidad del Área de atención del Safareig. Además atiendo a mujeres y a niños, en un servicio municipal y en el programa de atención de la propia entidad. En el año 2008 aproximadamente de la mano de varias profesionales de la atención directa orientadas por el el psicoanálisis lacaniano, todo el equipo del Safareig empieza a interrogarse sobre su práctica confrontado a un discurso que, desde ese momento, se encarna en varios psicoanalistas de la ELP, a través de los espacios de supervisión y control de casos.

El recorrido desde entonces ha sido muy interesante, pero también muy laborioso. Para nosotras se ha tratado de conciliar la “causa de las mujeres”, entendida como el leitmotiv de los movimientos feministas, es decir, la investigación y la denuncia de las condiciones de la represión social que existe sobre lo femenino, y el psicoanálisis de orientación lacaniana. No descartamos pues la posibilidad de usar los dos discursos para poder orientarnos en el trabajo. En este ejercicio la obra de Lacan nos ha brindado la oportunidad de pensar a “las mujeres” y “sus problemas” des de unas coordenadas estructurales donde se construye e inscribe aquello social y cultural.

Quizás, la baliza esencial de la apuesta lacaniana reside en señalar que la relación sexual en el ser humano no viene determinada por la biología; no existe un patrón biológico que marque la relación con el otro sexo. Cuando el ser viviente se inserta en el lenguaje pierde la posibilidad de toda completitud, y sufre una operación de división entre aquello que podrá tener acceso de forma consciente y aquello que quedará cifrado del lado del inconsciente. Lacan elabora primero una teoría del sujeto del inconsciente que luego articula con la realidad pulsional. En su seminario XI, titulado ‘Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis’, dirá que “la realidad del inconsciente es la realidad sexual” [4]. Es decir: que podemos pensar que de lo que habla el inconsciente es de esa no relación sexual, de esa no proporción sexual, de que no hay relación sexual que pueda escribirse.

Lacan sitúa la cuestión como estructural en el ser hablante, partiendo de una negatividad, de una imposibilidad. Así, toma todas las vías de acceso a la sexualidad del lado femenino o del lado masculino como una solución a esta imposibilidad de escribir la relación sexual. Será aquello que se irá cifrando inconscientemente lo que dará lugar a nuestras elecciones, dejando abierta la pregunta sobre la manera que cada cual se las arregla en el plano del amor, del deseo y del goce.

Esbocemos algunas hipótesis a este respecto, a raíz de la clínica que hemos ido elaborando en estos años. Podemos preguntarnos… ¿tienen algo en común aquellas mujeres que se

identifican bajo el significante mujer maltratada, y que acuden a servicios especializados reivindicando esta condición? ¿Podríamos pensar este conjunto de mujeres maltratadas como un posible conjunto cerrado, como un Todo? Cada una de ellas construyó una respuesta singular a la pregunta qué es ser una mujer, de que goza una mujer: del lado del aparente “sometimiento” al Otro. ¿Qué es aquello que se somete? Podríamos pensar ese “sometimiento” como una manera de sujetar, de cernir algo que no se deja cifrar, como una manera de defenderse de la nada a la que las mujeres se ven abocadas. Ese sometimiento al otro ¿no podríamos pensarlo como un sometimiento a los significantes del otro, de su partenaire, en lo que concierne a lo que debe hacer, decir, como debe vestir, en lo que concierne a como debe ser La mujer? ¿Sería un sometimiento al Otro que le da la consistencia que le falta a su ser de mujer? También la identificación al significante mujer maltratada podríamos pensarlo como una manera de poner un límite a inscribirse en un conjunto cerrado, en un conjunto de todas las mujeres maltratadas frente al no-todo de la mujer, postulado por Lacan.

Me parece clave poder decir algo también de la función del amor en estas mujeres. Más allá de las condiciones de amor que son particulares para cada una, escuchamos como la experiencia amorosa se inscribe en un lugar muy fundamental para ellas. Es en busca de un amor, o en nombre de él, que aguantan los malos tratos. La demanda de amor, de ser todo para el Otro, es lo que las mantiene unidas a este hombre que las ha elegido. De hecho podemos ver en muchos casos como la separación se precipita cuando aparece otra mujer y ellas caen de ese lugar. Lacan dirá en su seminario XI que Amar es, esencialmente, querer ser amado [5]. El amor exige reciprocidad y por eso puede producir estragos. El amor pide amor, lo pide sin cesar, aún, y más aún. En el seminario XX que lleva por título Aún, Lacan aseverará que “Aún es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor” [6]. Lacan nos enseña en éste mismo seminario una lógica para entender el goce del lado femenino y del lado masculino en sus formulas de la sexuación. El goce no –todo, aquel que quedaría del lado femenino, es un goce que se caracteriza por lo absoluto, por el sin límite. Isabelle Durand en su tesis el Superyó femenino se aproxima a la idea que toda demanda de amor es un goce, y un goce predilecto de la mujer. El amor no es el goce, pero la demanda de amor si lo es [7].

¿Cómo poder pensar entonces esta demanda infinita de amor al Otro de algunas mujeres en situación de violencia machista? La experiencia amorosa les lleva a estar más cerca de este goce que no está en relación al falo. ¿Sería esta demanda de amor infinita una expresión del goce no-todo, aquél que da cuenta de lo que es una verdadera mujer según Lacan? Muchas veces escuchamos relatos de mujeres que ponen en riesgo a sus propios hijos e hijas por mantener esa relación destructiva, siendo lo más importante para ellas por encima de cualquier otra cosa. ¿Podríamos pensar que esas mujeres están más cerca de la verdadera mujer lacaniana que de la figura de la madre? Tal vez la cuestión es que en una mujer pueden coexistir esas dos lógicas, la lógica fálica y la del no-todo. Una mujer tiene la posibilidad de experimentar dos maneras de gozar que no son complementarias y que dan cuenta de la complejidad de la clínica femenina. Pensar el sujeto femenino como aquél cuya modalidad de goce participa de esas dos lógicas me orienta en la escucha para discernir aquello que puede simbolizarse o resignificarse, de aquello que se siente en el cuerpo como algo absoluto y que escapa a toda simbolización. Esta condición biforme del goce ayuda a pensar los casos de mujeres en situación de violencia machista, aunque habrá que descifrar las vías de acceso a la feminidad, al amor y al goce en cada una de ellas.

 

 

[1] Eric Laurent dictó, los días 13 y 14 de mayo del 2016, 4 conferencias en el auditorio de la editorial RBA, invitado por la Fundación para la Clínica Psicoanalítica de Orientación Lacaniana (FCPOL).

[2] Cevasco, Rithée. La discordancia de los sexos. Perspectivas psicoanalíticas para un debate actual.

Barcelona, Ediciones S&P, 2010

[3] Álvarez, Margarita. Apuntes sobre supervisión institucional y Amores que matan, psicoanálisis, mujer y violencia, en www.elblogdemargaritaalvarez.com.

[4] Lacan, Jacques. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, libro XI, texto establecido por

Jacques-Alain Miller, capítulo XII “La sexualidad por los desfiladeros del significante”. Buenos Aires,

Editorial Paidós, 1987, pág. 156.

[5] Lacan, Jacques. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires, Editorial Paidós,

1987, pág. 261

[6] Lacan, Jacques. Aún, libro XX, texto establecido por Jacques-Alain Miller. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1985.

[7] Durand, Isabelle. El superyó, femenino. Barcelona, Editorial Tres Haches, 2008, pág. 83

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