Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

¿Qué pasa después de ver o vivir un atentado o un accidente?

Artículo publicado en la sección Psicología del diario La Vanguardia, el 21 de julio del 2016.

Vivimos en una época en que la destrucción física está por todos lados, sin discontinuidad. Explosiones en aeropuertos, parques, metros, bares. Hipervigilancia. Un temor generalizado mantiene una alerta constante en el ambiente. Si vemos estas escenas por la televisión o por internet, tendemos a ir con cierto miedo los días siguientes. Sin embargo, pocos tiempo después, si no estuvimos ahí, lo olvidamos y seguimos nuestra vida “normalmente”.

Pero ¿qué pasa cuando se ha estado ahí? ¿Cuando se ha presenciado el estallido de una bomba, cuando se ha visto morir violentamente a alguien?

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Ya sea como testigo de un atentado o de un accidente grave, eso se vive como traumático y tiene consecuencias que en cada uno son singulares.

Lo inesperado que irrumpe

Sin duda, ese evento queda “grabado” de una manera que resalta, debido a que el hecho irrumpe como algo que no debió haber pasado, que no se esperaba que sucediera. Digamos que en ese mismo momento, en esas milésimas de segundo, algo se “rompe” en la idea que cada uno nos hacemos de la realidad. Esa realidad, que creemos tener bajo control y conocer aparece como un sinsentido. No encontramos explicación para lo sucedido.

Lo importante, y a diferencia de cuando se ve el mismo evento a través de una pantalla, es que el cuerpo real está ahí y entonces lo traumático opera teniendo efectos en el cuerpo mismo. Es decir, que lo horroroso de eso que produce sobresalto, miedo, estupefacción es vivido sin ningún tipo de distancia o de velo, o como suele decirse, en carne propia. Entonces, por el alto impacto que tiene, una parte de lo vivido queda fuera de toda explicación o elaboración posible, como una especie de agujero dentro de todo lo que sabemos explicar.

Sin palabras

El psicoanálisis considera el trauma como algo que deja sin palabras al sujeto. Ya sea por el horror de lo sucedido, como por aquello que pudimos o debimos hacer y no hicimos, “lo que hubiera debido pasar y no pasó”. Por ejemplo, escuchamos muchas veces que para quien ha estado en un atentado o accidente grave, lo traumático también tiene que ver con lo que, por alguna razón, no pudo hacer: ayudar a alguien, no llevar consigo al amigo mientras él huía de la devastación…

A partir de aquí surgen síntomas que nacen de estas experiencias: pesadillas, insomnio, depresión, obsesiones, fobias, ansiedad, angustia. A veces, puede pasar mucho tiempo, incluso años, para que estos síntomas aparezcan. No es raro que se haya vivido un evento traumático de este orden en la infancia y que los síntomas surjan en la edad adulta, por ejemplo. Pero también hay síntomas que se relacionan con un acontecimiento de este orden sin que lo sepamos.

Entonces ¿qué hacer? Entre otros tratamientos, un psicoanálisis, que privilegia la palabra, es uno de los recursos más importantes, pues es a través de la palabra que se puede ir contorneando el núcleo de aquel sinsentido. No se trata de decirlo todo ni de establecer la exactitud de lo sucedido, sino de que ese núcleo –íntimo para cada uno– revelado al sujeto en aquella circunstancia, encuentre la manera de integrarse en su vida y que adquiera así una nueva dimensión para él.

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