Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

Un comentario sobre lo siniestro y el cuerpo

A propósito de La Cosa: “The Thing”.

Este texto surge de las reflexiones que aparecen alrededor del ciclo de debate sobre cine de ciencia ficción que organizamos desde tActe.

El cine de ciencia ficción a menudo nos produce cierta inquietud y extrañeza, y a la vez un afecto morboso de seguir mirando algo que no tiene mucho sentido y que además nos horroriza de alguna manera.

Se me ocurren un par de ideas para abordar esto: lo siniestro y el cuerpo.

¿Por qué elijo éstas dos? Si habéis visto la película “The Thing” de John Carpenter, sabréis que hay algo extraño y angustioso en la irrupción de un acontecimiento que marca el inicio de un desastre.

Hice el ejercicio de dar nombre a lo que produce en mi ese acontecimiento y se me ocurrió que podía decirlo en catalán, angúnia.

 

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Se trata de una palabra arraigada en mi vocabulario de una manera particular, mi lengua materna es el catalán y eso produce en mi una manera otra de vivir esa lengua. Por eso mismo fui a buscar esa palabra en el diccionario, quizá me daría algunas pistas sobre el uso que hago en el que la palabra angustia no alcanza para explicar algunos acontecimiento que tocan al cuerpo.

Y bien, me encontré con lo siguiente: “el fet de veure una ferida pot causar angunia”. Pues de eso va La Cosa: una herida, una grieta que se abre en una aparente tranquilidad cotidiana.

Os lo explico un poco… Lo siniestro lo podemos encontrar entre el espanto y lo familiar. Por supuesto velado, bajo la imagen de lo conocido, es decir, siendo lo mismo sin serlo. Irrumpe en la escena de manera tal que puede llegar a formularse como una presencia generalizada, desorganizando todas las facetas de nuestra subjetividad, tanto el afuera como el adentro. Y esto nos lleva a la idea clave de esta película, introduciendo que lo extranjero puede habitar en nosotros también.

Aunque no lo parezca, ya que John Carpenter nos presenta un escenario bélico, hay una sutileza excepcional en el marco que da a la presentación de la cosa. De una manera insidiosa y gradual enseña al espectador eso que ya estaba de inicio pero mucho más de cerca. Momento en el que ya estamos ante la amenaza de Das Ding.

¿Qué se puede decir de La Cosa? Está claro que sentirla se siente, y aunque velada se mira. El decirla es más complicado.

Hay un juego de palabras que surge de una cita de Lacan a propósito del tema:

La Cosa, que llamé un día la Cosa freudiana, que está en el corazón y que no se toca fácilmente, en todo caso que jamás se llega a comprender, se lo aseguro – el lenguaje delimita la Cosa. Y la Cosa, que incluso, si quieren, escribiré así [Lacan escribe en el pizarrón: l’achose (la acosa)] para indicar bien que ella no se distingue ahí por su presencia.” [1]

Vemos que en este movimiento de añadidura Lacan quería resaltar que ésta no se muestra precisamente por su presencia pero con la traducción al español  se lee como “la acosa”.

Digamos que la cosa, y creo que en la película eso se ve y se percibe, nos acosa. Es ilocalizable, aunque se sitúe en los cuerpos; no tiene una forma definida; se presiente, se generaliza su presencia, incluso en aquellos cuerpos que podrían no estar afectados. Acapara la escena. Está en el cuerpo, o más bien, en los cuerpos y su transformación.

 

Aquí podemos hablar, aunque no lo parezca, de lo estético. Ya que precisamente lo estético y lo siniestro son inseparables en las distintas formas de lo que llamamos arte.

Eugenio Trías, en su obra sobre lo bello y lo siniestro, deja bien claro que lo siniestro es condición para lo bello. Afirma que el objeto estético carecería de fuerza sin su referencia a lo siniestro.

Un ejemplo que quizá conozcáis es Francis Bacon, quién es capaz de proponer la transformación de los cuerpos en una mancha borrosa de carne: evoca lo crudo y lo siniestro, y es a la vez de una belleza extrema que cautiva nuestra mirada.

Pero si podríamos pensar que en esta película se nos muestra lo más descarnado de los cuerpos, ¿cómo se puede hablar de estético ahí? Lo estético siempre tiene una función de apaciguamiento, de velo ante lo crudo, y a pesar de los cuerpos deformados hay marco: la imagen misma en este caso actúa de velo.

La misma función podríamos encontrarla en la ficción, en tanto que da sentido y limita lo que nos es conocido. Y eso es una película, una ficción a la que hay que añadir la propia. El filtro detrás del que nos situamos como espectadores, espectadores de nuestra propia vida.

Me gustaría terminar con una cita de Lacan que se encuentra en la clase 8 del seminario ‘Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis’, que dice lo siguiente: “Nunca me miras allí donde te veo… y lo que miro nunca es lo que quiero ver

Solo para señalar que después de hablar de tanto marco por aquí y por allá, que si el propio que si el de la ficción… La Cosa siempre queda por fuera de éste.

 

Notas.

[1] Cita extraída de “Breve discurso a los psiquiatras” de Jacques Lacan.

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