Tendiendo puentes entre el psicoanálisis y la ciudad

“Yo tengo un cuerpo”

Incidencias performativas del lenguaje.

Hace un mes fui a una exposición de “Mujeres Surrealistas”. Mirando las obras, advertí una que no tenía título o algún tipo de referencia, entonces pedí una orientación al encargado. Me respondió (casi ofendido) que el punto del arte surrealista es eso, dejarse llevar por la imagen y asociarla libremente con lo que a una se le ocurriera. Si bien es cierto, personalmente me gustan los epígrafes en las obras porque, de alguna manera, apelan a lo que el artista quiere transmitir. De todas formas, para ser más gráfico, el señor me muestra un dibujo inédito de Frida Kahlo que versaba: “Autorretrato como Genitales”. Tapando esta referencia con la mano, me pregunta qué veo si me dejo llevar por la imagen y no por el nombre que ya determina la dirección de la mirada y por tanto, su significación correspondiente. Con este episodio pretendo ilustrar el efecto performativo de las palabras, del nombrar, para que algo devenga como tal.

Frida Kahlo, Autorretrato como genitales (1944). Carboncillo y tizas de colores 

(Cortesía Galería Mayoral).

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Mi interés pasa por extrapolar este efecto de lo performativo, al campo del Psicoanálisis en relación al cuerpo. Este punto de inquietud surge, por un lado, a partir de la conferencia: “¿De qué hablamos cuando hablamos de cuerpo? Incidencias clínicas de un problema filosófico”1  en el que se despliega la concepción de un cuerpo que problematiza, de un cuerpo recortado por un significante, de las consecuencias en el modo de definir al cuerpo y de la posibilidad de reescribir en un cuerpo que se escribe. Por otro lado, en una de las clases de la asignatura de Epistemología2 acerca de “La subjetividad como problema clínico: El cuerpo como lugar de inscripción”, se desarrolló la idea del cuerpo como espacio, lugar, superficie, donde se inscriben una serie de fenómenos y realidades. A la cual se adhiere la capacidad de transformación, es decir, de resignificación. En ambos espacios se plantea la noción del cuerpo desde la dimensión subjetiva apelando a la maleabilidad del mismo. Añadiéndose, en éste último, la teoría de la Performatividad en relación al cuerpo.

Surge así un debate puntual: ¿Es performativo el Psicoanálisis? Las respuestas variaron en función del concepto considerado. Algunas posiciones apuntaban al no, por mi parte apunté al sí, precisamente porque estas nociones de cuerpo, desde el psicoanálisis y desde lo performativo,me sugieren un punto de anudamiento entre ambas. Me serviré entonces de estos ejes para intentar argumentar mi afirmación.

¿Se nace o se hace?

En su obra “Cómo hacer cosas con palabras”, John Austin hace referencia a la noción de performatividad (lingüística) en el papel del enunciado, planteando que dicha categoría “indica que emitir la expresión es realizar una acción y que ésta no se concibe normalmente como el mero decir algo” (p.6).  Lo que significa que, al ser pronunciados tales enunciados, realizan una acción produciendo la realidad que describe el mismo.

Por su parte, Judith Butler retoma este concepto en su texto  “El género en disputa”, para plantear el género como un acto performativo, en el que es el lenguaje el que establece este campo imaginable. Comportando un carácter metonímico en la medida en que la anticipación produce el fenómeno que anticipa. Es decir, el género es, a partir de que se nombra, y se nombra a través del cuerpo. Destacando que “no puede afirmarse que los cuerpos posean una existencia significable antes de la marca de su género”.3

Si la formación de un sujeto exige una identificación con el fantasma normativo del “sexo”4, significa que, para que alguien se inscriba como “mujer”, por ejemplo, debe identificarse con un cuerpo de un sexo determinado y cumplir con aquello que se ha establecido como el género correspondiente, es decir, el femenino.

“(…) la niña se “feminiza” mediante esa denominación que la introduce en el terreno del lenguaje y el parentesco a través de la interpelación de género”.5

El género se asume así en función a estas significaciones sociales. No existe como tal, sino como un efecto. Para que el género y el sexo se establezcan, precisan de un cuerpo. Podemos pensar este planteamiento, en tanto los significantes (culturales) construyen este cuerpo, un cuerpo subjetivo, que se nombra. Y con ello anudar a la cuestión del cuerpo en Psicoanálisis.

Destacando el poder que tiene el discurso para producir lo que enuncia, se puede decir entonces que: No nacemos con un cuerpo, lo hacemos.

El cuerpo deviene…

Continuando con esta línea, Lacan propone algo similar. Distinguiendo, en primer lugar, el organismo del cuerpo, siendo este último una dimensión subjetiva que se construye, (y no su “envoltorio” como se piensa). Esto implica abordar el cuerpo desde el punto de vista del significante, puesto que es el que introduce el discurso en el organismo.

Considerando el registro simbólico como una condición sine qua non para “tener un cuerpo”, podemos decir que éste nace del significante. No tenemos un cuerpo de entrada, es el lenguaje quien nos lo atribuye. En esto radica la diferencia entre el organismo (real, natural) y el cuerpo (simbólico). Para que el cuerpo devenga, el organismo debe ser atravesado por el lenguaje (es atravesado por el lenguaje). Y esto deja marcas como inscripciones simbólicas. Soler puntualiza que “el cuerpo se presenta a recibir la marca significante, a ser un lugar de inscripción a partir del cual podrá ser contado como tal”.6

Así, la marca inscribe la pertenencia de un cuerpo y a su vez, esta “posesión” otorga un valor de representación. Esto es, que el cuerpo pueda decir algo del sujeto, antes que el sujeto mismo. En su texto, El misterio del cuerpo hablante, Araceli Fuentes señala que: “para que el cuerpo sea un hecho, para poder tener un cuerpo, hace falta que sea dicho como tal. Desde el momento en que lo digo, cuando afirmo: “este es mi cuerpo” el cuerpo pasa ser admitido en lo simbólico como significante”7.

Si el organismo deviene cuerpo a partir del lenguaje, ¿no está implícito un acto performativo?  (En el sentido del cuerpo como consecuencia del lenguaje). Esto considerando a su vez, que Lacan sostiene que es el significante el que antecede al significado y lo produce. De este modo podemos pensar que dicho significante tiene un efecto performativo en tanto que, al inscribirse en el cuerpo, lo produce. De cierta manera le da forma, se construye a partir de él como un producto de lo simbólico. Resultado que da lugar a lo singular de este encuentro del ser vivo con el lenguaje, a partir del cual se escribe la historia del sujeto.

El discurso es el destino

Así como el dibujo de Frida fue legitimado como un “Autorretrato de genitales” a partir de su enunciación, tanto el cuerpo como el género existen en la misma medida, tomando su consistencia a partir del lenguaje.

Si las palabras tienen el poder de crear una realidad (¿inconsciente?), es posible entonces construir la realidad de nuestros cuerpos, no sólo a través de los significantes inscriptos, sino de las denominaciones a las cuales nos identificamos (como hombre o mujer, como queer, hetero u homosexual, etc.). Es, mediante este efecto de sentido y el papel que desempeñan en la subjetividad, como el discurso puede tener valor significante. Considerando que la concepción lacaniana del término toma precisamente la dimensión del acto que contiene el lenguaje. Y es este acto de producir un efecto sobre el cuerpo lo performativo. Tal como lo señala Lacan:

“Vuelvo en primer lugar al cuerpo de lo simbólico que de ningún modo hay que entender como metáfora. La prueba es que nada sino él aísla el cuerpo tomado en sentido ingenuo, es decir aquel cuyo ser que en él se sostiene no sabe que es el lenguaje que se lo discierne, hasta el punto de que no se constituiría si no pudiera hablar”.8

Es decir, el cuerpo no se constituye por el ser, sino es el ser el que se sostiene en el cuerpo.

En lo concerniente al Psicoanálisis como experiencia de palabra, es pertinente interrogarse pues el recurso de la performatividad en una doble vertiente. En la medida en que el decir es un acto que introduce la contingencia en la historia de un sujeto9, y que esta experiencia también implica un acto: el acto analítico que incita al sujeto interrogarse acerca de su verdad. Promoviendo así una producción creativa y la posibilidad de una rectificación subjetiva. Además, si hablamos de que el cuerpo es lo menos efectivo posible, es algo dividido, fragmentado y nosotros construimos esa unidad, si está sometido a una variación infinita en la que está constantemente mutándose podemos hablar de la performatividad del acto analítico en tanto permite crear algo nuevo. Esto, a partir de la escucha del discurso del sujeto en análisis y la posición del analista respecto a ello. El performativo que  refiere a la acción que se cumple al hablar, se contempla de este modo en el campo del Psicoanálisis, en el efecto sobre este cuerpo.

Por consiguiente, el “discurso es el destino” en términos del sujeto como consecuencia de la incidencia de lo performativo del lenguaje.

 

 

Para vernos debemos vernos ‘desde el fondo del mar’:

Al principio, podéis sospecharlo, es un imagen muy borrosa,

como si nos hubieran arrojado arena en los ojos y el mundo fuera sólo fango.

Pero cuando rehuimos la tentación del pánico empezamos a vislumbrar,

en la neblina acuosa, fragmentos de nuestra existencia.

Una débil luz, una iridiscencia, un claro en el océano,

la potente luminosidad solar apoderándose de las olas.

Al afilar la mirada recogemos los pedazos y reconocemos el cuerpo.

Estamos desnudos.

Queremos atravesar nuestra piel:

En el universo se halla, después de todo, nuestro autorretrato. 10

 

Notas.

  1. González, A. (26, Noviembre, 2016). Conferencia en el marco de actividad del Máster Actuación clínica en psicoanálisis y psicopatología de la Universidad de Barcelona.

  2. Asignatura que se imparte en el marco del mismo máster.

  3. Butler, J. (2007) “El género en disputa”, p. 58.

  4. Butler, J. (2002) “Cuerpos que importan”, p. 20.

  5. Ibíd. Pág. 26.

  6. Soler, C. “El cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan”, pág. 3.

  7. Fuentes, A. (2016) “El misterio del cuerpo hablante”, pág. 56.

  8. Lacan, J. (1993) “Radiofonía y Televisión”, pág. 11.

  9. Fuentes, A. (2016) “El misterio del cuerpo hablante”, pág. 140.

10. Argullol, R. (2010) Fragmento: Libro XI, Retrato de cuerpo entero y sin cuerpo.

 

 

 

 

 

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Referencias Bibliográficas.

Argullol, R. (2010) “Visión desde el fondo del mar”. Acantilado, Barcelona.

Austin, J. (1955) “Cómo hacer cosas con las palabras”. Edición electrónica de Escuela de Filosofía, Universidad Arcis. Disponible en: http://revistaliterariakatharsis.org/Como_hacer_cosas_con_palabras.pdf

Butler, J. (2007) “El género en disputa”. Paidós, Barcelona.

Butler, J. (2002) “Cuerpos que importan”. Paidós, Buenos Aires.

Fuentes, A. (2016) “El misterio del cuerpo hablante”. Gedisa, Barcelona.

Lacan, J. (1993) “Radiofonía y Televisión”. Anagrama, Barcelona.

Serra, M. (2016) “El parlêtre adora su cuerpo”. Revista de Psicoanálisis de la ELP-Catalunya. Freudiana, Número 76 (páginas 35 a 42).

Soler, C. “El cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan”.

Disponible en: https://agapepsicoanalitico.files.wordpress.com/2013/07/colettesoler-elcuerpoenlaensenanzadejacqueslacan.pdf

 

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