El no-algoritmo del A-U-T-I-S-M-O
Es quizás preciso comenzar por la explicación del título de este texto: “El no-algoritmo del A-U-T-I-S-M-O”. Se trata de una elección particular que se hace a partir de lo que sucede en esta “patología” vista como tal: el ser un “fenómeno” de diagnóstico en considerable ascenso, cada día más frecuente en niños y niñas (como bien decía Laurent asistimos a una “epidemia del autismo”) y que para distintos discursos ha devenido ya cotidiano.
Dentro de esta epidemia el concepto de “espectro autista”, aparecido recientemente en los manuales de clasificación psiquiátricos, me hace pensar en las implicaciones de la palabra espectro: habría sujetos más o sujetos menos autistas. ¿Acaso se puede ser más sujeto o ser menos sujeto?
Por otra parte, la forma en la cual está escrita la palabra autismo, con intervalos de letras, es literalmente para intentar metaforizar lo no metaforizado en el autismo. Lo uso como símbolo de la particular relación de este sujeto con su propio cuerpo y el lenguaje, un cuerpo desarticulado del significante e invadido por el goce y las implicaciones que tiene por ejemplo en la voz o el mundo que lo rodea.

Pensando que hay tantos autismos como sujetos autistas ¿Qué pasa con el uno por uno desde la clínica más allá del discurso de la categorización? Categorización basada en estadísticas y métodos cuantificables que inevitablemente traen un borramiento subjetivo. También efectos tales como la angustia y la caída de ideales – mucho más – por tratarse de niños. Las etiquetas y la psicopatologización de la infancia marcan tanto a ese sujeto como a su entorno.
En este sentido, el diagnóstico es un algoritmo fallido. Conviene definir qué es un algoritmo: “Conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite hacer un cálculo y hallar la solución de un tipo de problemas”. Surgen una serie de preguntas éticas, a tenor de lo poco que se sabe sobre la etiología del autismo y de la posición del psicoanálisis: ¿cómo diagnosticar algo que “no se sabe” – muy bien – cuáles son las causas? ¿Se hace desde supuestos e hipótesis? ¿Es importante la casuística de determinado diagnóstico o desde el psicoanálisis es otro el fin que nos interesa?
Eric Laurent en su libro titulado “La batalla del autismo” nos permite elucidar la posición del analista respecto de esta posición subjetiva:
“De todos modos, de lo que se trata en este caso es de una batalla por definir y acoger el trastorno de la relación con el Otro que se impone en el autismo, diferente en cada sujeto, aunque haya homologías de estructura”. (Laurent. E, p.12)
¿Qué del autismo?
El sujeto autista es alguien que de entrada permanece excluido del lenguaje. El término fue descrito por Bleuler a fines del siglo XX y se basa en el término de “autoerotismo” propuesto por Freud. ¿Qué tiene de autoerótico? El goce por fuera del lazo del Otro, es el corte de este lazo con el Otro (aunque por definición el goce es siempre autoerótico, el orden social espera siempre que presente una articulación al semejante o al ideal).
Desde el psicoanálisis nos interesa saber que es un funcionamiento subjetivo singular. ¿Qué tiene de singular? Su relación con el Otro; pero decir esto no pareciera ser suficiente, ya que fácilmente se podría confundir o correlacionar con el concepto de psicosis . Y si bien hay autores que aún lo describen como una psicosis, hay otros que plantean un funcionamiento completamente distinto.
Kanner plantea en 1967 que el autismo se trata de una defensa que protege al niño frente a una angustia primitiva que amenaza con aniquilarlo.
Rosine y Robert Lefort van a plantear por su parte que el autismo infantil es diferente de la psicosis debido al fracaso de la metáfora paterna. En el autismo no hay Otro, el Otro se reduce a una ausencia. Y lo definen como una cuarta estructura diagnóstica.
¿Pero es necesario poder decir si es – o no – una psicosis, o lo que nos interesa es otra cosa?
Si bien el interés de la ciencia es poder “hacer entrar” el síntoma en una clasificación o categoría diagnóstica, lo que se sabe del autismo es que aún es un concepto en construcción. A pesar de la lucha por parte de la ciencia de “hacerlo encajar”, a día de hoy no hay marcadores biológicos demostrados, tampoco factores hereditarios localizados: solo hipótesis en ese sentido que no han resultado explicativas. La posición psicoanalítica respecto del autismo no se sostiene de esta línea de investigación; se interesa en cambio por el síntoma del sujeto, por lo que lo aqueja y entiende al autismo como una posición decidida del sujeto en defenderse del vínculo con el Otro. Esta mirada diferente del psicoanálisis al respecto de la ciencia permite un quehacer diferente.
Lo que debería ser de mayor importancia es que hay un sujeto, un niño, que sufre o tiene un funcionamiento subjetivo distinto: en los casos de autismo, el Otro no se ha instituido como Otro en tanto tesoro de significantes, no hay un lugar habitado por él, es alguien amenazante para el sujeto.
La apuesta del psicoanálisis consiste en encontrar con el sujeto un modo propio de nombrar sus síntomas, lo cual implica dejar de lado la nomenclatura del discurso psiquiátrico (y clasificatorio) que no pocas veces tiene un efecto segregativo. Conlleva hacer una clínica diferente.
Pero ¿cómo podemos escuchar a un sujeto autista y su padecer cuando no pueden enunciarlo?
El lenguaje decía Lacan preexiste al sujeto, lo atraviesa. A su vez éste se constituye en el sujeto por una pérdida, un punto de falta, que permite que se formule la demanda (que incluye advenir al lenguaje). Es allí donde el sujeto “normal” se reconocerá. Si hay lenguaje es porque hay otro a quien va dirigido un mensaje: tal es la función del Otro, como tesoro de signficante y alteridad radical. Miller dice “Si la respuesta del Otro hace emerger al sujeto, es igualmente cierto que el grito crea al Otro” (Miller. 1998, p.110)
¿Qué sucede en el autismo si hay un rechazo hacia ese Otro?
La entrada del autista en el lenguaje es distinta. Él se sirve del lenguaje, hace uso de él, pero al modo de una lengua privada. Es patente cuando utiliza ecolalias (repetición de palabras o frases), que son un intento de hacer lazo con lo que lo rodea. Lacan, al respecto de esto localiza un disfuncionamiento de la pulsión invocante, agregando que mediante las ecolalias se escuchan a sí mismos.
Como indica Maleval: “Lo que es característico de lalengua del autista no es tanto ser pobre, sino el rechazo del sujeto a aislar significantes amos” (Maleval, 2010).
Este lenguaje no está incorporado, no se cifra: el sujeto autista queda obstruido por un goce sonoro, a tal punto que muchos prefieren quedar mudos. Y es por eso que su detección suele ser ser precoz. La pregunta que surge entonces es ¿Cómo o qué Otro puede incluirse teniendo en cuenta esta condición? Sin duda puede esbozarse uno para cada quién, a través de lo particular que cada caso nos aporta, operando desde el no saber y dando lugar a la invención de ese sujeto.
Lacan al respecto de esto, en 1967, en “Discurso de clausura de las jornadas sobre las psicosis en el niño” dice que el autista está instalado en el lenguaje aunque no hable: tapando sus orejas se protege de los significantes del Otro, en la presencia real con él, se defiende de ese encuentro. Lo que encontramos es una falla en la simbolización, no existen los dos niveles del lenguaje en donde se ubica un “como sí”, no hay metaforización. Es por eso que hay que tener cuidado con las palabras dirigidas a él, porque la literalidad lo abruma y aterra.
El lenguaje implica entonces asumir la falta, y el autista se resiste a esto, pedir algo o demandar implica pasar por otro y el autista lo que quiere es justamente estar lo más lejano posible a él. Maleval va a decir:
Si hay una constante discernible en todos los niveles del espectro del autismo, reside en la dificultad del sujeto para adoptar una posición de enunciador. Habla de buen grado, pero con la condición de no decir” (Maleval, 2011)
¿Cómo hablamos a un niño que se defiende del decir?
Ante la dificultad de hablar de sí en primera persona, es sensato no dirigirse a él directamente, y hablarle al Otro de él en tercera persona. Si hay algo de la enunciación que los perturba, y el sujeto se defiende de su propia enunciación como si el lenguaje y la enunciación fueran líneas paralelas, entonces el vaciamiento de la enunciación del terapeuta puede pacificar un poco su “terror”, debido a que muchas veces las palabras que se le dirigen son tomadas como ruidos incisivos. Es por eso que se defiende por ejemplo tapándose los oidos.
¿Por qué sucede esto? Porque hay algo del orden simbólico que está trastocado, no hay significantes que puedan hacer cadena, no hay un enganche entre el goce y la palabra. No hay función del ensamblaje de lo simbólico en lo real por el significante amo. Estos niños están sumergidos en un mundo en donde el significante no introdujo sus cortes.
Esto sirve para fundamentar por qué – muchas veces – son muy buenos en ámbitos donde la enunciación está borrada o muy borrada: las matemáticas, la informática o la música, donde no hay una palabra dirigida a él. Son lenguajes ricos pero la enunciación no aparece en primer plano.
Si hay una falla en lo simbólico esto quiere decir que no hay un anudamiento con el registro imaginario, y eso se ve en relación al autista con su cuerpo. Cuando no hay Otro, el estadío del espejo no se pone en marcha; por ende, el cuerpo y la constitución del yo están afectadas. A falta de un cuerpo como consecuencia de lo anterior el autista es indiferente a la imagen de sí frente al espejo; hay un fracaso en la construcción narcisista con el cuerpo. A raíz de esto se puede ver como por ejemplo se golpean y algunas veces parecen ser insensibles al dolor, como si el cuerpo fuera ajeno a él.
¿Qué aparece en ese lugar donde debería haber o a – ver – un cuerpo?
Es aquí donde se hace referencia a la elección particular de la escritura en el tema inicial A U T I S M O, separado: tenemos un cuerpo que como tal no está constutuido, no marcado por el Otro. No hay alienación que produzca un anudamiento, éste queda sólo en función de ciertos significantes al Otro y su líbido.
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¿Qué hay de la invención del sujeto autista?
Es aquí donde se da una de las invenciones del autista, la de crearse un encapsulamiento como otra forma defensiva, o como lo llaman algunos autores un neo-borde que le sirve a fin de poder ubicar algo de su goce. Si se sabe que no hay extracción del objeto a (a diferencia de la neurosis, donde este objeto cumple la función de capturar un poco este goce avasallante) el goce aparece desarticulado y como amenazante para él: literalmente desde lo real. Entonces, dicho encapsulamiento sirve para poder proteger-se de algo a lo que no se le puede dar un sentido (debido a la falta de metaforización).
Este es un trabajo que hace para estar en el mundo, y una forma de la cual se defiende y protege de lo amenazante es por ejemplo. La función del doble, que le permite regular el contacto con él (o su) mundo y así en cierta medida el goce que lo abruma. Pudiendo ser así hablar en tercera persona, un objeto, movimientos rítmicos, balanceos, taparse los oídos o cualquiera otra invención que sea hecha por él. Maleval va a decir “el autista se dedica a crear un borde que separa su mundo tranquilizador y controlado del mundo caótico e incomprensible.” (Maleval, 2011).
Donna Williams, una sujeto autista “de alto rendimiento” relata en sus libros sus vivencias, y acerca de lo dicho anteriormente agrega: “Cuando me encerraba a mí misma, era también a los otros a quienes yo encerraba afuera”.
Otra de las invenciones tiene que ver con el objeto autístico, como aquello que ayuda a vicularse con el Otro y además lo proteje de lo amenazante que éste se le ofrece. El objeto es utilizado como un mediador que lo ayuda a ordenarlo y escudarse a través de él. Es desde allí de donde debemos valernos para trabajar con ellos. ¿Cómo introducirse en la vida del autista de la forma más específica y pacífica posible? La cuestión de la ética es imprescindible para el hacer; dejarse llevar por lo que ese sujeto quiere mostrarnos, es saber hacer una clínica del detalle y dejarse enseñar por él.
Es por ello de suma importancia tomar ese objeto, o en caso de que el sujeto no lo tenga, buscar y crear alguno con el fin de poder acotar algo de el goce y su padecimiento. Así, el psicoanálisis deja de lado la reeducación, a fin de poder dar un lugar, acoger lo que ese niño tiene para mostrar, sin esperar nada a cambio. No hay protocolos de reglas específicas para trabajar con ellos, porque no hay un “todos los niños son iguales”, es más importante entender “todos los niños son diferentes”.
Para finalizar, luego del recorrido que se intentó hacer, conviene explicar la imagen de portada y articularla con lo que la clínica nos enseña. Por un lado los padres, aquellos que muchas veces no entienden, no saben o hasta se responsabilizan del “diagnóstico” de sus hijos, pidiendo así a los educadores y profesionales respuestas (incluso por parte del niño) forzandolo, muchas veces, a un modo de aprendizaje “estándar” o lo que se espera de él. Conviene en cambio intentar mostrar que el camino que el niño necesita es aquel que le produce menos sufrimiento; tomar la lógica autista para poder introducirse en ella, acompañar lo que trae el niño para que al menos un cierto lazo social sea sostenible (y que sea uno por uno).
Por otra parte, hay que entender el autismo como un funcionamiento subjetivo particular, una decisión –inconsciente- y una defensa radical con el Otro y el mundo que lo rodea; que la conducta tiene una función, en este caso defensiva, de poder soportar la vida. Y desde el psicoanálisis nuestro trabajo consiste en respetar esa decisión para que el mundo sea un poco más tolerable para él, y pueda introducirse en el suyo.
Bibliografía.
Carbonell, N, Ruiz, I. (2012) “No todo sobre el autismo”. Gredos, Barcelona.
Lacan, J. (1967) “Discurso de clausura de las jornadas sobre las psicosis en el niño”.
Lacan, J.,(1975) El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires.
Lacan, J. (1971) El Seminario, Libro 18, De otro al otro. Paidós, Buenos Aires.
Laurent, E. (2013)“La batalla del autismo”. Gramma, Buenos Aires.
Maleval, J.C. (2011) “El autista y su voz”. Editorial Gredos. Barcelona.
Maleval, J.C (2010). Revista L´Interrogant. “Autismo, Enunciación y aluccinaciones”. Vol 10.
Miller, J.-A (1998) Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires
Tendlarz, S. “Clínica del autismo y de las psicosis de la infancia”. Colección Diva. Buenos Aires.
Matilde Speyer
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Que bueno Naty !!!te felicito y te juro que estoy un poco orgullosa por vos !!!!Mati
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